«Detesto el dinero. No puedo ver un dólar sin pensar en la cantidad de sufrimiento y degradación humana que representa. ¿No es la sangre de nuestros hermanos lo que contiene? ¿Puede cualquiera calcular cuántas lágrimas o cuántos suspiros han entrado en la hechura de una moneda? Me estremezco al pensar en el esclavo asalariado que aventura su salud, su futuro, su vida, su todo, para la adquisición de este dólar, de esta ingrata pieza de metal que no le dará, en cambio, la suma de felicidad equivalente a su sacrificio. Y ¿quién podrá decir que este dólar no es la vil moneda deslizada furtivamente en la mano trémula del delator por una información que ocasionó la condena de un alma buena? ¿o no podrá ser que este dólar fue el precio de una caricia que bajo saludables condiciones sociales sólo el amor puede obtener? ¡Oh, la historia de una moneda es aterradora!»
Ricardo Flores Magón: Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho. Cartas desde la prisión.
simbióticas