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Hackers: activismo político en la frontera tecnológica

Autor: Gustavo Roig Domínguez

Jueves 14 de junio de 2007, por ediciones simbioticas


1. Sapiens sapiens: supervivencia, poder y cambio tecnológico.

"¿Dejará el cuerpo productivo la férula patronal para situarse bajo la del Estado?. O, por el contrario, ¿aprenderá a trabajar y a producir libremente? ¿a vivir, tras siglos de traumatizante disciplina, la indisciplina creadora?"

Gaudemar. El orden y la producción

La tecnología atraviesa todos los planos de la vida. Media en la relación comunicativa del hombre con sus iguales, de ahí que lo técnico sea parte de lo social y lo político. Lo hace también en la relación del ser humano con su propio cuerpo mediante el conocimiento y el cuidado de sí mismo. De igual manera, la relación del hombre con el mundo físico es fundamentalmente tecnológica hasta el punto de que la antropología desarrolla el concepto mismo de cultura íntimamente relacionado con el de técnica: la sapientización de los prehomínidos se explica ,en parte, por las ventajas adaptativas que experimentan los sapiens arcaicos al desarrollar tecnologías más eficientes de caza y recolección de alimentos.

La revolución más profunda en la historia y en la organización social de la humanidad, la revolución neolítica, tiene una base eminentemente tecnológica. La agricultura, la domesticación (de no homínidos) o el dominio de la metalurgia permiten al hombre salir de su estadio de nomadismo salvaje para pasar, con todas sus consecuencias, al sedentarismo, la estratificación social y el desarrollo de la organización [técnica] del Estado. La guerra y la coerción política como tecnologías del poder y del dominio son la base de la civilización. Así, es fácil entender que la aventura de la humanidad es la aventura de la cooperación (la base de lo social) y el mando político de la mano del conjunto de técnicas o disciplinas que doblegaron el medio físico (y el propio cuerpo) y permitieron la supervivencia, garantizando el orden y la disciplina social.

La naturaleza social de lo técnico, entendida como estrategia de supervivencia del hombre frente al medio físico, se despliega a lo largo de la historia en los diversos modos de producción y propiedad sobre lo producido y sus materias primas. Se explica en la esclavitud cómo técnica de producción y dominio de los imperios hidráulicos de Mesopotamia, en Grecia y en Roma. En la servidumbre feudal y tras la revolución industrial (esa revolución del vapor, del acero, de la química y la electricidad), en la alienación del proletario liberado de su condición de medio de producción privado (ya no es el siervo vinculado como una árbol o una mula a la tierra), reconvertido en trabajador social “libre”: dispositivo vivo integrado en el complejo productivo de la cadena de montaje, componente humano de la máquina productiva contemporánea.

Hoy, una vez que el proletariado ha sido expulsado como un cuerpo extraño de la cadena de montaje (condenado al paro y a la precariedad estructural) y el capitalismo se rearticula sobre la producción y gestión de información, dominio militar de recursos naturales y automatización informática de cada vez más espacios de la producción mercantil, cobra forma un nuevo territorio definido por la técnica y redimensionado por la naturaleza política de la vida humana. A la mutación (técnica) en la forma (económica) de producir, se solapa un proceso de redefinición de las condiciones de vida y de las concepciones que sobre el mundo han utilizado tradicionalmente los actores sociales contemporáneos: las clases (objetivas), los movimientos (la conciencia en acción), sus estructuras de intervención política (la voluntad de poder organizada en forma de partidos) y su imaginario , reaccionario, o insurgente. Un nuevo escenario, un nuevo sujeto, un nuevo conflicto se esboza en un contexto de producción y vida que nace sobre un paradigma tecnológico emergente que impone el desarrollo de las telecomunicaciones y la representación digital de lo real.

El ciberespacio: zona en la que se cruzan, digitalizados, los eventos y las relaciones sociales que fluyen desde todos los planos o campos de la realidad humana, de lo social. Un sitio inmaterial y real a un tiempo, ubicado entre miles de máquinas interconectadas, espacio de comunicación entre dispositivos más o menos automatizados, diseñados y administrados por personas, que es territorio de acción y por tanto de conflicto. En él se compra, se vota, se vende, se opina, se conspira, se pierde y se gana dinero, se investiga, se escribe, se lucha. Se generan códigos e identidades compartidas, se estructuran movimientos sociales y se traslada el conjunto de la actividad social, a la que dada la especificidad del medio, se le superpone un conjunto elementos característicos, novedosos o incluso novísimos, que lo convierten es un fascinante objeto de estudio en cada una de sus dimensiones. De la misma manera que la fábrica y la metrópoli escenificaron en los últimos doscientos años buena parte de la conflictividad social contemporánea, este nuevo territorio se configura como [un] nuevo escenario para la creación política, la organización y extensión de la protesta. ¿Sobre qué presupuestos?, ¿cómo?, ¿quienes?, ¿diciendo qué?. Sobre ello hablaremos en este artículo.

[sigue en el achivo...]

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