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"Ser copartícipes, como lo son los gobiernos occidentales, de los enfrentamientos lucrándose con la venta de armas, con lo que eso supone de apostar por la violencia como modo de resolver las diferencias, en lugar de actuar sobre los factores que provocan las guerras, es el acto más vil e hipócrita que los países ricos pueden presentar a los (...) [ Sigue... > ]
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La convivencia entre los monos

Sábado 10 de febrero de 2007, por Mariano Martínez Luque

Cuando en alguna ocasión me pongo a leer algún párrafo de la historia, bien sea de épocas tan recientes como el siglo XIX o el XX, o tan alejadas en el tiempo como la época Helénica casi siempre llegó a la conclusión, que sobre todo en lo que respecta a la convivencia, al ser humano nos queda aún muchas asignaturas que aprobar, por no decir casi todas. Cierto es que el ser humano -sobre todo en occidente- parece comportarse como el mono social que se supone somos, pues incluso hemos formado comunidades aparentemente democráticas donde todos los ciudadanos parece ser que participamos en la administración del Estado a través de unos representantes elegidos en la urnas. ¿Podríamos sentirnos orgullosos de haber desarrollado este tipo de ideas de convivencia? Podríamos hacerlo si como presumen muchos de estos gobiernos occidentales y democráticos la riqueza que cada país genera estuviese repartida más equitativamente y, por lo tanto, no se produjesen tantas situaciones de desamparo y marginalidad entre las todavía clases más desfavorecidas económicamente y las que tienen un nivel económico más alto, uno de los motivos por el que todavía existen el enfrentamiento de clases. Cierto es que hay una clase media bastante elevada que vive dentro de unos márgenes de bienestar aceptable, y es precisamente en este sector de la sociedad donde se suelen producir el mayor intercambio de ideas para tratar de cambiar este mundo hacia otros sistemas más solidarios y progresistas. Pero en las sociedades occidentales existen sectores de poder mucho más inaccesibles a los cambios, que si bien no son tan crueles como las dictaduras de países tercermundistas, si son capaces de frenar procesos políticos para inhabilitar objetivos que persiguen dotar, a los que no tienen nada de mejores servicios sociales, por poner sólo un ejemplo.

Ya sabemos que una sociedad es algo muy complejo y la mentalidad de sus individuos es muy difícil de cambiar de un siglo para otro, cuanto más difícil hacerlo de la noche a la mañana. Esta demostrado que las revoluciones obreras -Movimiento Obrero- apenas sin han conseguido convencer a unos cuantos de la necesidad de un mundo más equitativo en las búsqueda de la desaparición de clases. Está también claro que muchas de esas revoluciones apoyadas por guerrillas populares tampoco consiguen al final del proceso el objetivo marcado (revoluciones francesa o rusa), volviendo de nuevo al lugar de partida (los mismo perros pero con distintos collares). Últimamente toda la comunidad humana estamos viviendo una especie de proceso evolutivo o revolución social donde todo tiende a globalizarse y cuyo ideal parece perseguir objetivos culturales y económicos comunes. Pero también es verdad que hay muchas zonas del planeta donde sus habitantes se resisten a cambiar el concepto de vida que han llevado durante siglos y cuyas costumbres ancestrales o religiosas se superponen a cualquier idea venida de otros pueblos o sociedades como la nuestra. Es por ello que incluso esta nueva revolución se enfrenta también a un gran dilema para conseguir sus objetivos, pues todavía, aunque cada década estemos mejor y más comunicados para conseguir esa pretendida globalización, resulta todavía algo aparentemente imposible que nos podamos entender en según que aspectos. Pues si unimos estas diferencias culturales de unos pueblos con otros al gran desequilibrio económico que existe todavía entre los llamados pueblos del sur y aquellos llamados de occidente, nos encontramos con dos conceptos opuestos entre sí a la hora de poner en practica una comunicación y convivencia aceptable entre todos, ya que algunos ciudadanos tercermundistas pugnan por la obtención de los mismo beneficios económicos que occidente bajo una emigración masiva a los países desarrollados -no se les ofrece otras alternativa- y otro luchan por la no ingerencia de ideas progresistas en sus sociedades de ideas cerradas y en muchos casos hasta violentas.

¿Será posible en un futuro que todo el mundo sea un Estado global donde sus ciudadanos sólo se tengan que enfrentar a las catástrofes fortuitas que causa la naturaleza -terremotos, volcanes, huracanes, virus, cáncer...- y no tener que preocuparse más porque la guerra, los atentados terroristas o cualquier otro tipo de violencia sea una de las causas principales de la muerte de muchos seres humanos? Quizá no haya nunca una formula o una ideología adecuada para frenar esta condición humana tan violenta que nos hace comportarnos en muchas ocasiones peor que los simios con los estamos emparentados. Quizá el don del habla sólo sirva para empeorar aún más nuestras relaciones en vez de fortalecerlas, ya que en muchas ocasiones ha sido a través de las palabras por lo que tanto grupos de seres humanos, como individuos particulares han roto totalmente sus relaciones a veces durante décadas e incluso hasta la muerte. Quizá el quid de la cuestión para una buena convivencia esté dentro de nuestra cabeza, que aún no ha sabido encontrar la neurona que nos otorga el sentido común.

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