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Mentiras

Martes 25 de enero de 2005, por Chema

«Vender tiempo de cerebro disponible a los anunciantes» (declaración recogida en “El País” del presidente de la cadena privada francesa de televisión TF1 respecto a su trabajo)

Fascismo es poder, presión, intervención continua e incrementada con la intención de estrechar el espacio vital donde la vida de cada uno se instala; se acotan así espacios concretos, calles, zonas, barrios o lugares mentales que, tan habitados como los físicos van siendo limitados o, lo que es lo mismo, reconducidos a tópicos. Así la memoria, la intimidad, el “como” concreto en que cada uno vive se reduce a un continuo que acaba constituyendo nuestra vida. Porque este “todo”, organismo al que nombramos con viejas palabras como “sistema”, parece tener como objetivo, como función, de cuerpo que es y cuerpos que gobierna, el conseguir un único estilo, una única forma, un único modo en aquello y en cualquiera que exprese o contenga vida.

El único poder de nuestro tiempo y nuestra sociedad desarrollada, la única visible, la única existente, la única por lo tanto real, intenta, y consigue hoy por hoy, expandirse con la intención de adquirir el monopolio sobre nuestras vidas. Los ejemplos que enumero pretenden ser pistas de cómo actúa, como se muestra, como induce, como nos secuestra las más de las veces con tan sólo su insistencia, y aparentemente sin violencia, hasta conseguir hacer normal, obvio lo que no lo es.

Ejemplos en lo cotidiano de nuestro hablar que nos llevan a este sitio que por querer ser único no deja mostrar salida, atándonos a un espacio más estrecho del aquí donde viven las vidas concretas, pueden ser los siguientes eufemismos que dan vueltas y piruetas para nombrar lo que podría ser inaguantable si se dijera de otra manera.. Y hay realidad insoportable porque se da un opuesto escondido, oculto, innombrado que quiere pasar por invisible para dotar a la realidad de un poder que la presente como única, como Realidad. Así decimos los “menos favorecidos” donde hay pobres. Y si hay pobres es porque hay ricos y viceversa. Hablamos de “emprendedores”, de su vida como proyecto personal que lo es del capital, cuando no son sino trabajadores expulsados de su condición de asalariados. Y si hay emprendedores de la vida propia es porque se da la adquisición de la vida ajena como vida propia. Ejemplo claro de la integración de todo y todos en el capital y el trabajo que lo nutre y alimenta es la integración de los “discapacitados” y disminuidos que tan solo lo son respecto a lo no disminuidos ni discapacitados para la actividad productiva normal. Señalamos como “Tercer Mundo” a la vida y geografía que acumula la miseria y porquería de los que vivimos en abundancia. El “consenso” y la negociación se presentan como panacea y remedio de todos los conflictos cuando son muestra del espíritu mercantilista y de mercadeo al que los partidarios y partidos del capital han sido seducidos: todo se pacta siguiendo una ley mercantil; consenso es el erupto conque se acaba la comida que cierra los negocios. Descubrimos la “deslocalización” como algo nuevo para referirnos a la antiquísima práctica de conseguir mano de obra lo más barata posible; en definitiva unos más ricos y otros más pobres. La publicidad nos vende, y nos vende enteros con nuestro cuerpo como no podría ser de otra manera ya que somos una mercancía, y como parte de lo que somos es nuestro cerebro un tiempo dedicado en exclusiva a producir y consumir: “Sé tu mismo”, “Sigue el dictado de tu espíritu”, “Somos especialistas en ti”; el producto a vender es la propia persona, la mercancía de estar vivos. Con esta intención de venta se personaliza todo: un ordenador, un automóvil, una camiseta, un viaje, un peinado... Y a todos nos lo han dirigido tras el ¡Hola! del vendedor con escasas variaciones en su formulación: “¿En qué puedo ayudarte?” me dicen siendo la pregunta escondida pero real ¿qué puedo venderte?.

Leemos, escuchamos y sobre todo vemos noticias que tienden tan solo a señalar titulares, impresionantes imágenes. Sin embargo en ningún momento desarrollan causas ni efectos, antes ni después o lo que es lo mismo, a vencedores y vencidos. La información así entregada de forma aséptica no se arriesga a crear condiciones en que las personas formen opinión, dictaminen lo que consideran correcto pensar para que el deliberar les decida a actuar. Parece que en ningún momento se crean mínimos para lanzar una duda, pregunta, insinuación, una indecisión que corten la opinión dada como general, la moda. El sólo mostrar así la actualidad aburre y adormece estrechando el límite de nuestro mundo, de nuestra vida, ampliando el tiempo mercancía del cerebro Espacios físicos que tampoco permiten dudar se dan con la moda de la plena visibilidad en ámbitos de trabajo (espacios físicos abiertos y transparentes), y de ocio; transitar por una calle comercial, por un espacio en principio de todos y de nadie, público, es no poder distinguir cuando se está en el interior del comercio, del espacio privado. Los ámbitos se mezclan, se superponen confundiéndose así la vida que paseaba, que pasaba, con la que sólo compra. El ocio es venta, negocio; el trabajo es visible e indistinguible del ámbito del ocio

Más ejemplos de palabras y cotidianidades que no hacen efectivo y real lo que nombran engañando con tanta insistencia que acaba siendo inaprensible la mentira y por tanto se fijan como verdad: Salario interprofesional y pensiones mínimas se permiten como garantía de miseria si son únicas fuentes de ingreso; detrás se esconden los intereres de fijar estas cifras como señales que miden los mínimos de los que se nutren los máximos y es allí dónde se hace de verdad la economia, los acuerdos, los negocios. Seguimos comiendo de la mano de señores que poseen feudos y derechos que no abandonarán porque, sencillamente, siguen siendo suyos desde siempre. La eugenesia escondida en un sistema sanitario que deja en espera a enfermos que no pueden pagar su posible curación. Que mejor muestra que una vida concreta vale más que otra y unas vidas, unos cuerpos sufren más dolor que otros en función de sus rentas. Ofrecer pastillas como principal remedio ante el dolor del alma; la ciencia-industria química que tapa, esquiva y rodea problemas y enfermedades de ricos y excesos que sustentan el desarrollo. La confusión que supone hace pasar la ficción como recuperación de la memoria histórica y el recuerdo de los vencidos desde los “Cuéntame”. De verdad que son cuentos para niños. Regresar, en el sentido de retroceder, a condiciones laborales, jornadas, horarios que se establecieron en conquista cuando había un frente, una posición sólida que se enfrentaba en aquel momento como lucha de clases. El retroceso a salarios más bajos, o lo que es lo mismo, mayor jornada de trabajo, más vida de uno que no es de uno, menos tiempo posible de hacer libertad, se ofrece con la gran mentira de ser única posibilidad de mantener esos mismos puestos de trabajo. Debemos trabajar más horas para no perder el empleo, para que las empresas no se “deslocalizen”, como si el capital hubiera tenido alguna vez un territorio fiel al que servir y se pudiera dar un amo sin beneficios.

Mentiras. Mentiras que nos meten en el cuerpo y nos quitan vida.

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