Un cuadro y cuatro mentarios
En 2000, Begoña Marugán y yo recuperamos nuestro cotidiano de pensamiento militante para lanzarnos mutuamente una pregunta: ¿qué había pasado en los últimos años en España con la acción frente a la violencia machista? ¿cómo había llegado a convertirse en un tema público tan destacado tras décadas de silencio institucional al respecto? y, finalmente, ¿cuál eran las claves de semejante transformación? Nuestro interés no se refería tanto al análisis de las prácticas violentas y sus consecuencias sobre la vida de las mujeres, cuanto a la construcción y difusión del objeto discursivo «violencia contra las mujeres» o «violencia de género» o «violencia doméstica», algo que el feminismo venía llamando desde hacía tiempo «violencia machista», terminología que, como luego pudimos constatar, adquiere sentidos bien distintos.
Con estas preguntas en mente debatimos con otras compañeras, entrevistamos a algunas personas cercanas a este ámbito –abogadas, educadoras, trabajadoras sociales, periodistas, etc.–, recogimos noticias y grabamos programas, leímos y releímos ensayos, informes y algunos de los materiales que el propio Movimiento Feminista había producido al respecto. En fin, que nos lanzamos a explorar cómo estaba el patio. De esta indagación salieron cuatro artículos comunes, además de intervenciones en diversos foros.
El lugar desde el que nos pusimos manos a la obra ya indicaba algo de la hibridez de los espacios de enunciación de la violencia: la militancia compartida durante los 80 y la primera mitad de los 90, el encuentro con feministas de más larga andadura, la acción presente en lo que algunas llaman el «feminismo difuso» y la conexión precaria y problemática con el ámbito de la investigación «desde una perspectiva de género». Tratamos pues de situarnos en la historia, la historia de un movimiento que había nombrado y actuado contra la violencia, contribuyendo a sacarla del ámbito de lo privado, y que hoy se veía disperso, desplazado o quizás más bien mutado en cuanto a su composición, sus contenidos y su presencia pública. Entonces, una vez más, ¿cómo recomponer estos años: tres décadas desde la emergencia del Movimiento Feminista de segunda ola, antifranquista, rebelde, antiinstitucional...? ¿cómo en relación a esta cuestión de la violencia? Uno de los primeros experimentos de esta deficitaria recomposición fue la elaboración de un cuadro que recogiera el contexto institucional, los cambios legislativos, los hitos del MF y sus claves políticas entre los años 1975 y 2000, especialmente en lo que tenía que ver con la violencia. Evidentemente el cuadro sumamente incompleto porque la memoria ha de ser necesariamente colectiva y plural. No obstante, su primera versión nos resultó esclarecedora como primera aproximación a una historia que el boom mediático de mediados de la década de 1990 dejaba en la penumbra.
Sirvan las siguientes notas a modo de comentario de este cuadro. Pero antes, tres claves para su lectura que vamos a formular del siguiente modo: los medios de comunicación y las agencias institucionales acaparan de forma progresiva los términos y espacios de definición de este problema social provocando un efecto de deslumbramiento y ocultación de su génesis y anteriores marcos de sentido y aislándolo del contexto político general, esto tiene importantes consecuencias en el modo en el que se entiende y gestiona y la violencia contra las mujeres y, en un sentido más amplio la «cuestión de las mujeres», se convierte, una vez más, aunque ahora en otra clave, en una pieza central para generar legitimidad política, y tal y como desarrollamos en una tesis ulterior, pacificar las tensiones y cambios que se están produciendo en el contexto la «reproducción flexible».
Primer comentario:
Feminismo, autonomía y violencia institucional
[...]
Segundo comentario:
La violencia y las «políticas del cuerpo»
[...]
Tercer comentario:
Batallas legales, techo reivindicativo y violencia
[...]
Cuarto comentario:
Violencia de género, violencia doméstica. ¿Crisis o domesticación del machismo?
[...]
simbióticas
